Nos escondíamos en calles estrechas, y nos exprimíamos al máximo. Dispusimos de tiempo más que necesario para recorrernos enteros y nos quedamos cortos. Resumíamos las horas de sueño, aprovechábamos las de éxtasis, y desechábamos las de mínima angustia.
Supongo que se debió pinchar el globo, o averiar el tren, porque bueno, digamos que te desplomaste de golpe.

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