domingo

Avería y redención.



Recorríamos aceras y faltaba muy poco para que se levantaran las desgastadas baldosas ante nuestros incansables pasos. Nos bebíamos la noche y devorábamos las copas. No perdíamos un segundo, es más, creo que ganabamos alguno que otro, pero sobre todo, mirabamos el mar, admirabamos el mar durante horas y lo dejabamos seco.
Nos escondíamos en calles estrechas, y nos exprimíamos al máximo. Dispusimos de tiempo más que necesario para recorrernos enteros y nos quedamos cortos. Resumíamos las horas de sueño, aprovechábamos las de éxtasis, y desechábamos las de mínima angustia. 
Supongo que se debió pinchar el globo, o averiar el tren, porque bueno, digamos que te desplomaste de golpe.

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