miércoles

Que bajen tus labios y me callen, de una vez.


Joder, despertarte con la persiana abierta (en mi casa), es una maldita gozada, es ver mi temático jardín, desde arriba, y se hace inevitable viajar en el tiempo y bailar, bailar contigo, y con el agua, claro. El airecillo levanta mis pelos del brazo, dejandolos tiesos, y corrompe mis rodillas, pegandolas al suelo con estrépito. Porque es mirar mi jardín y ver mi cuerpo y tu cuerpo, como mi cuerpo, o tu cuerpo sólo. Pero sólo uno, chapoteando el agua, y jugando a ahogarme sólo para ponerte nerviosa, y que me digas ese: ¡para!, entre murmullo, que me volvía loco. Y esque ya ves, soy un loco, pero volvería a revivirlo sin dudar. Volvería a estar dos noches sin dormir ante tal acontecimiento histórico, y digo histórico porque cambió la historia. Revolucionó, digo, revolucionamos a la mitad de nuestro municipio, y la historia corría con revuelo por las calles, cómo si Mick Jagger se acercará a tocar por aquí. Y es que partimos esquemas, porque estábamos a un palmo más del resto del mundo, y yo se que a veces te gustaba, aunque siempre lo negaste.
A pesar de todo esto, yo también tengo corazón, y co-razones para no verte más, para pensarlo cada noche entre mis sábanas y disfrutarlo solito.

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