No te preocupes, eso era de cuando no te conocía.
El paso de quererte llevar a la cama y quererte llevar a vivir a la cama.
Y quererte.
Como cuando sale el sol por Lavapiés y bailan las cervezas.
Cuando baila tu corazón y calla el mundo.
Menos mal que todavía quedan sitios donde las sonrisas son gratis.
Pero lo que pasa en la cama, se queda en la cama.
Dijo un amigo -parecía sabio-, que en época de escribir
-no es broma, me insistió- no es bueno leer demasiada poesía -de otros-
y aquí y ahora le contesto: amigo, como no voy a leerla
si sus pechos son una bañera de rón en un desierto,
su espalda, su espalda es la escalera que baja al mar
y en su ombligo se posa siempre la luna.
Si la hubieras visto...
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