De las que pasean por el lado más salvaje.
Bailando en la cuerda del equilibrista sin mirar al suelo, que tu cara es más bonita.
Como el calor de una madre, o el de la primera envestida.
Hay que llorar menos y envestir más.
Desvestir la duda, desnudarla, que es más poetico.
Ser poeta.
Que no hay ciudad sin poesía,
y la ciudad se sonroja cuando la caminas,
y la poesía es lo más cerca que hay de tu contoneo.
Vamos a enamorarnos cada noche
y desenamorarnos cada rón.
Compartir humo en cada verso,
entre asaltos, -las canciones-
y tras despedidas.
Cuando nace el mundo en tus labios,
lloran hasta los bienaventurados.
Cuando haces mundo los míos,
tiemblo.
Y sudarle al invierno como el que bebe veranos.
Y comernos el tiempo con las manos.
Y mancharnos, manchar las paredes,
el recuerdo.
Pero cuando apareces, ahí es cuando se nota,
intenso.
Te miro tan fuerte que se incomoda la tarde,
y huye como si no esto ya no fuera con ella,
como una extraña.
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